>Mientras Villa María celebra la primavera con un festival gratuito y abierto a toda la familia, San Francisco insiste en una Estudiantina exclusiva para estudiantes de secundaria que, en la práctica, funciona como antesala de una agenda de boliches de cuatro días. La diferencia no es de escala, sino de modelo: una ciudad elige incluir; la otra, segmentar.
Cada septiembre, San Francisco y Villa María miran el mismo calendario y toman decisiones opuestas. En la costanera villamariense, el Primavera Live convoca a más de 40 mil personas (familias, jóvenes, adultos mayores, niños) con shows gratuitos de artistas como La Pleyer, La Guachi y Palito Sánchez. En la Plaza Vélez Sarsfield o la Plaza Cívica sanfrancisqueña, en cambio, la Estudiantina se organiza exclusivamente para estudiantes secundarios, con especial centralidad en sexto año.
No hay nada contra los chicos. Forman parte del Día de la Primavera y todos queremos que se diviertan. El problema no es su protagonismo, sino el diseño de un evento que traduce esa celebración en una antesala del consumo de alcohol.
Los propios documentos municipales lo admiten: desde hace años se realizan “charlas y talleres para evitar el consumo excesivo de alcohol en la ‘previa’ de los festejos”, y se implementan controles para impedir el ingreso de bebidas alcohólicas. La Estudiantina 2021, de hecho, fue directamente organizada por los boliches Runa e Ibiza, con fiestas de disfraces nocturnas y eventos privados para la promoción exclusivamente. La Municipalidad no organizó esa edición: la habilitó y la dejó en manos del sector privado.
Ese es el núcleo del problema. El evento no lo organiza el área de Espectáculos Públicos ni la Dirección de Cultura, que tienen criterio artístico y experiencia en eventos masivos. Lo organiza el Área de Juventud, comandada por el coordinador “Huevito” Farías y un concejal caído en desgracia, conocido popularmente como “el chocolatero”, junto a un séquito de chicos recién salidos del secundario que tienen una vista muy corta respecto a los temas. No es una crítica personal: es una crítica de diseño institucional. Un área de juventud puede coordinar talleres, debates o torneos 3x3, pero no tiene ni la estructura ni la perspectiva para organizar el evento primaveral de una ciudad entera.
El resultado es una celebración que funciona como plataforma para los empresarios de boliches. La agenda real no dura dos días, como dice el programa oficial. Dura del jueves al lunes: previas, fiestas temáticas, after hours. La Estudiantina es el escenario visible; el negocio está en la periferia. Y la Municipalidad lo apoya de forma indirecta al centrar todo el dispositivo municipal (seguridad, controles, escenario, logística) en los estudiantes del secundario, como si el resto de la ciudad no existiera el 21 de septiembre.
Villa María demuestra que hay otro camino. El Primavera Live es una propuesta “cultural, libre y gratuita” pensada para “toda la familia”. No excluye a los jóvenes: los incluye. No reniega de la fiesta: la amplía. La diferencia no es de presupuesto ni de escala. Es de mirada.
San Francisco no necesita eliminar la Estudiantina. Necesita dejar de reducir la primavera a una sola franja etaria. El evento debería ser organizado por Espectáculos Públicos o por Cultura, con una grilla que contemple a los estudiantes pero que no los convierta en el único público posible. Que haya escenario para todos, no solo para quienes después van a la previa.
Incluir no es quitarle nada a los chicos. Es darle a la ciudad lo que Villa María ya entendió: que la primavera se celebra mejor cuando nadie queda afuera.